La ciudad mercancía.    

https://www.sindominio.net/etcetera/REVISTAS/NUMERO_57/CIUDAD57.htm.

En el Etcétera nº 35 de junio del 2001 escribíamos sobre cómo la sociedad capitalista es eminentemente urbana. Actualmente de los 7.400 millones que constituyen la población mundial el 58% ya vive en las ciudades, porcentaje que aumenta al 80% en el caso de América Latina y el Estado español; en la UE el 75% de su población vive en núcleos urbanos.
Asimismo en el nº 37 de Etcétera (junio 2003) constatábamos cómo propagandísticamente, esta «ciudad de los prodigios» que es Barcelona era: la ciudad más grande del mundo. Los publicistas siempre exageran lo que les interesa a los que les pagan y callan lo que creen que les perjudica. En lo que sí Barcelona es una de las mayores ciudades del mundo es en densidad de población, solo aventajada por su vecina L’Hospitalet de Llobregat que es la ciudad más densamente poblada de la Unión Europea. En el Área Metropolitana de Barcelona se concentra más de la mitad de la población catalana. Además Catalunya con 7 millones de habitantes recibió en un año 17 millones de turistas de los cuales 9 millones vinieron a Barcelona. Volvemos ahora a retomar el debate sobre la ciudad en el actual contexto cambiante al que dedicamos de nuevo una mirada.
El Capital en su tendencia a convertirlo todo en mercancía llega hasta el espacio mismo. A través del espacio modificado por el trabajo humano circulan los diversos flujos económicos. El espacio se ha convertido en un bien estratégico para los negocios del capital. Los flujos de energía circulan por medio de las torres eléctricas construidas en campos, bosques o salvando montañas, el petróleo mediante los oleoductos que atraviesan desiertos o inmensos territorios helados. Los flujos de materias primas y mercancías o de mano de obra fluyen a través de carreteras, líneas de ferrocarril, aéreas y marítimas. Los flujos monetarios del capitalismo financiero circulan a gran velocidad a través de redes espaciales controlados por satélites u otros medios ubicados en distintos puntos del globo. Todos los flujos parten o se encuentran en determinados puntos espaciales. La construcción y el mantenimiento de dichos puntos y redes dan grandes beneficios al capitalismo, la gran mayoría pagados con el dinero que los Estados recaudan mediante impuestos a los habitantes del planeta. Por lo tanto el control, la posesión y planificación del espacio para su beneficio se ha convertido en cuestión prioritaria para el Capital. Sigue leyendo

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