De género no marcado.

El lenguaje es uno de los rasgos más característicos del ser humano, sino el más característico. Es cierto que muchos animales también utilizan un lenguaje para comunicarse entre ellos, pero el lenguaje animal se diferencia del lenguaje humano en que, ese lenguaje, es de código cerrado, y el nuestro de código abierto, que quiere decir que los humanos podemos añadir siempre que queramos términos nuevos a nuestra lengua y los animales se tienen que conformar con un número limitado y predeterminado de mensajes que pueden emitir y que no pueden variar de ninguna forma.

Dicho esto, empecemos a hablar de las lenguas, y más en concreto, de problemas que atañen a mi lengua materna, la española. Hay una cosa sobre las lenguas que se debería conocer, y es que las lenguas, no pertenecen a ninguna institución, ni a ninguna universidad, ni a ningún instituto, las lenguas pertenecen a las hablantes; y estas, no son elementos fosilizados a lo largo del tiempo que no han cambiado nada desde sus orígenes. Las lenguas están vivas, las lenguas se modifican y cambian con el tiempo y estas lo hacen según las necesidades de las hablantes, y son las mismas hablantes, las que modifican las lenguas respecto a sus necesidades.

Una lengua viene a ser una abstracción compuesta por distintas variedades, que están determinadas por la geografía, el nivel sociocultural y el contexto en el que están inmersas las hablantes, y por eso pienso que una lengua en sí, no es machista ni feminista, no es inclusiva o exclusiva; sino que, como he dicho, son las hablantes las que hacen que una lengua se vuelva de una forma u otra y que adopte unos patrones u otros que condicionan a la hablante en su forma de hablar, en sus pensamientos y en sus aptitudes.

Después de esta introducción más bien general, querría hablar de una cuestión de la que creo que se han escrito muchas páginas sobre ella, y de la que quiero aportar al menos mi punto de vista. Esta cuestión es la del masculino como género no marcado.

Esta cuestión me parece que está guiada por una historia patriarcal y con el predominio del “patriarca” sobre el resto de la sociedad, pareciéndome que el masculino se adopta como ambivalente, a la hora de nombrar a grupos de personas mixtos, precisamente por la posición de poder que el hombre ha ocupado en siglos y siglos de historia y me parece que en cuanto esta cuestión se sienta discriminatoria contra los demás géneros, esta cuestión, debería cambiarse hacia un trato más igualitario.

Yo conozco algunas alternativas a esta cuestión que me parecen (depende cual) más o menos adecuadas o certeras a la hora de poner solución a este problema,  aquí las mencionaré y daré mi opinión sobre ellas, sin la intención en ningún momento de condicionar a nadie para que use o deje de usar alguna de estas formas.

Una de estas alternativas es la del lenguaje inclusivo, que se viene a representar a los grupos mixtos con la alusión por separado del género hombre y del género mujer en la forma “Los chicos y las chicas corrieron  a jugar al parque”. Este tipo de lenguaje está sancionado por la norma oficial de la lengua española, con la argumentación de que, el uso del lenguaje inclusivo, contradice el principio de economía del lenguaje haciendo que ciertas expresiones se conviertan  en expresiones difíciles de pronunciar. Yo soy más bien favorable al uso de un lenguaje inclusivo en la sociedad, pero si que a veces noto que se me hace difícil articular algunos de estos enunciados correctamente.

Otra opción pasaría por la utilización de la “e” como morfema de género neutro para decir, en vez de “los amigos fueron a jugar al parque”,  “les amigues  fueron a jugar al parque”. Esta opción la he utilizado yo mucho en mi día a día y la verdad es que muchas veces me ha resultado rara su utilización y la comunicación hacia otras personas ha resultado de incomprensible teniendo que recurrir al lenguaje inclusivo o, de nuevo, al género no marcado, de forma masculina, para explicarme.

Una de mis preferidas, aunque esta solo sirve para la lengua escrita y que se materializa en la forma oral en el poder elegir si hablar en masculino o en femenino, es la utilización de “x” como forma ambivalente para los géneros, que me parece más adecuada y certera que “@” que no es un signo lingüítico y que además, al menos a mí, me supone problemas a la hora de escribir ciertos términos como “l@s señor@s”, a falta de que se me ocurra ahora mismo algún otro ejemplo más ilustrativo, pareciendome más estética la forma “lxs señorxs”.

En definitiva, creo que una lengua es reflejo de una sociedad en concreto y creo que las lenguas se modifican según se modifiquen las sociedades. Partiendo de que las lenguas son de las hablantes y de nadie más y que son las hablantes las que eligen si una forma es adecuada o no a la hora de incluirla a su acervo lingüístico, pienso que la responsabilidad de modificar, según que aspectos del lenguaje, recae precisamente en estas hablantes y que si las hablantes deciden que es hora de cambiar siglos y siglos de masculinización del lenguaje, son ellas, y no la norma, las que deben, con sus actos, tomar la decisión de materializar, o no, esos actos.

Pdata: en este artículo  he decidido utilizar el femenino como común a los hablantes y las hablantes, ya que lo tomo desde el punto de vista de que todas somos personas y personas precisamente personas es femenino.

-Richie punk