La Ciencia y el Trabajo.

La investigación y el desarrollo de la tecnología nunca tuvo como objetivo satisfacer nuestras necesidades y deseos sino mantener, expandir y fundamentar el orden vigente. La sustitución de la mano de obra por la tecnología reduce el valor de la mercancía, por lo que obliga al capitalismo a aumentar la producción para su propia subsistencia. Cada propietario de capital que introduce una nueva máquina consigue una ganancia mayor que sus competidores, obteniendo más mercancías de sus obreros, con esta inercia seguirá existiendo la necesidad de desarrollar la producción en términos materiales y, en consecuencia, de utilizar más recursos y de contaminar a mayor escala. Esto explica la eterna búsqueda de sectores siempre nuevos de valorización. Desde hace doscientos años, el capitalismo evita su fin corriendo siempre un poco más rápido que su tendencia a derrumbarse, gracias a un aumento continuo de la producción. Pero si el valor no aumenta, por el contrario, es el consumo de recursos, la contaminación y la destrucción. El capitalismo es como un brujo que se viera forzado a arrojar todo el mundo concreto al caldero de la mercantilización para evitar que todo se pare. Sigue leyendo

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