A las personas trans nos han robado el cuerpo, tenemos que recuperarlo.

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Según el activista Miquel Missé, el mensaje que se está enviando a la personas trans es duro y claro: cambia tu cuerpo lo antes posible para que no se note que eres trans: “Les estamos diciendo que sus cuerpos visibles no son deseables.

“Siento la extraña sensación de que me han robado el cuerpo”. Con esta rotundidad comienza Miquel Missé (Barcelona, 1986) su último libro A la conquista del cuerpo equivocado que publica Egales. El sociólogo y activista catalán siempre se ha mostrado crítico con que el discurso médico haya centrado tradicionalmente el debate trans. Según este argumentario, el cuerpo es el culpable de todos los males de la comunidad trans y la única solución posible pasa por hormonarlo, operarlo, modificarlo y, por ende, adaptarlo.

Missé grita que lo han “desvalijado” y que nadie le ha dado la posibilidad de vivir su cuerpo de otra forma que no sea transformándolo. Este hurto le ha llevado a indagar en su ensayo sobre el origen del descontento consigo mismo para revelar el factor que, según él, influye a la hora de construir la narrativa trans: nuestro entorno social. “Hay que dejar de entender la transexualidad como algo biológico que requiere soluciones médicas y empezar a pensarlo como algo social, cultural y político”, explica.

Voz líder en el movimiento internacional por la Despatologización Trans y miembro de colectivos de lucha como Guerrilla Travolaka, el activista parte de una idea muy clara: el malestar de las personas trans con sus cuerpos no es algo que tengan de nacimiento, sino que es un hecho sociabilizado, es decir, hay factores externos que hacen que lleguen a sentir esa desafección por él.

Missé no culpa en ningún momento a la medicina por las reticencias que sufren las personas trans con su propio cuerpo, pero sí la responsabiliza por “inventarse” esa respuesta médica absoluta en la que cirujanos y médicos vieron un nicho de mercado. La idea tan popularmente extendida de que la reasignación de sexo es el remedio definitivo ha impactado de forma relevante en el imaginario trans hasta tal punto de que someterse a ese cambio no se ve como una obligación, sino como una necesidad obvia, incuestionable. Tal y como remata, durante más de dos décadas (1983-2008) los mismos profesionales que repartían diagnósticos de trastorno mental a personas trans después las tranquilizaban con un “no te preocupes, yo te curo, pasa por caja”. Actualmente, los tratamientos médicos forman parte de las prestaciones del sistema sanitario, pero aun así las clínicas privadas siguen teniendo gran demanda.

Otro de los puntos clave de la nueva obra del catalán -y sobre el que confiesa que es el motivo principal de este escrito- está relacionado con los cuerpos de los menores trans. Missé sostiene que el argumento médico está ofreciendo una solución única y esperanzadora para los cuerpos más jóvenes: someterse a bloqueadores hormonales para frenar los cambios de la pubertad, impidiéndose así que el cuerpo se desarrolle. De nuevo, se da “por supuesto” que en la experiencia trans tiene que estar presente sí o sí la modificación del cuerpo tengas la edad que tengas.

“¿No estaremos contribuyendo a idealizar la idea de que el cambio corporal nos da la felicidad?”

Detrás de esto se encuentra una idea peligrosa: el passing, es decir, cambiar tu cuerpo lo antes posible y lo más rápido posible para que no se note que eres trans. El mensaje que se está enviando a las personas trans es claro y duro, muy duro: no es deseable ser una persona trans visible, hay que pasar desapercibido/a, esconderse y tener como referente final a un cuerpo cis (una persona no trans, es decir, cuya identidad de género coincide con el sexo que se le asigna al nacer). La reflexión de Missé al respecto es contundente: “¿No estaremos contribuyendo a idealizar la idea de que el cambio corporal nos da la felicidad?”.

El catalán ya debatió recientemente sobre el impacto de la medicina en los cuerpos trans junto con Sam Fernández en un coloquio en el CCCB de Barcelona. Ahora, Missé se acerca a los planteamientos de la psicóloga y filósofa británica Cordelia Finde, que en su libro Testosterona Rex subraya el papel fundamental de la cultura a la hora de entender el género, para enviar a la papelera los argumentos que señalan que el sexo está en la cabeza. Uno no rechaza su cuerpo de forma innata, sino que hay algo o alguien que activa esa discrepancia.

Vivimos en una sociedad que establece que cada cuerpo tiene asociada una identidad de género exclusiva. En otras palabras: si tienes pene, quedas catalogado automáticamente como hombre y debes actuar como tal; si tienes vagina, quedas catalogada automáticamente como mujer y debes actuar como tal. Cuando esa correspondencia no se da, entonces se activa una disputa interna en nosotros.

“Las categorías hombre y mujer son tan terriblemente rígidas que acaban expulsando a muchas personas. Es tan difícil ser un hombre masculino o una mujer femenina que de hecho son muchas las personas que sienten que fracasan”.

¿Por qué se origina entonces esta guerra entre cuerpo y mente? Porque estamos regidos por unos roles de género opresivos. Así lo explica Missé: “Las categorías hombre y mujer son tan terriblemente rígidas que acaban expulsando a muchas personas. Es tan difícil ser un hombre masculino o una mujer femenina que de hecho son muchas las personas que sienten que fracasan”. Consecuentemente, la transexualidad es un síntoma de esas normas de género estáticas, inflexibles y categorías. ¿Qué hacer entonces? Según Missé hay que reducir esa molestia con el género para reducir también la necesidad de transición.

Y aquí es cuando entramos en terreno pantanoso. Muchas personas trans quieren y necesitan hacer esa transición; una decisión totalmente legítima y válida tanto como no hacerla. Si algo aprendió durante sus años en el Grup de Transsexuals Masculins de Barcelona (GTMB) es que “nadie es más o menos trans por decidir operarse”. Que nadie se confunda. Missé no está juzgando a nadie, simplemente esta ofreciendo un planteamiento alternativo.

Lo que Missé quiere es que las personas trans puedan “vivir sin tener que pedirle permiso a la medicina” para ser aceptadas o para aceptarse. Por eso, apuesta por reivindicar la autonomía sobre el propio cuerpo, volver a reconquistarlo, volver a poder decidir sobre él. Que no operarse o no someterse a tratamientos hormonales sea tan victorioso y válido como hacerlo.

Sin embargo, para llegar a este estadio deseado hay que escapar de la trampa del género, tan intolerable como hermético, para evitar que esas normas nos rijan, nos opriman y nos provoquen ese malestar que nos hace pensar que estamos en el cuerpo equivocado.

Rubén Serrano

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